Constantes y Variables

8:16

Un último jadeo entrecortado que terminó en dos sonrisas.

Habían terminado de hacer el amor. Ella hundió el rostro en la almohada y dejó escapar una carcajada corta y atenuada, como el puente que suena tras el climax de una canción. Él la consideraba, viéndola con el pecho desnudo contra la sábana y la espalda hacia el techo. Por fin se acercó y entrelazó sus dedos por su cabellera azabache, descubriéndole la espalda.

–Siento que te he esperado por mucho tiempo – dijo ella

Él suspiró, como quien reconoce la severidad de las declaraciones inesperadas. Se sentó a su costado y la miro detenidamente mientras yacía en el mar de sábanas. El tiempo que se tomaba en contestar no estaba relacionado con la tarea de elaborar la respuesta adecuada de existir tal cosa–, simplemente parecía estar cronometrándo el tiempo que los separaba, como sí aquel instante no les perteneciera.

Entonces comenzó a hablar, colocando su dedo índice sobre uno de los lunares de ella, mientras trazaba finas líneas rectas.

–Algunos expertos afirman que el tiempo es lineal; una unidad que se desplaza en línea recta sin aparante destino en un eje que bifurca en múltiples direcciones. Tú, yo, todos, nos desplazamos a la par del tiempo, siempre hacia adelante, viajando hacia el precipicio de lo inexplorado y lo desconocido.

Su tono había adquirido un matiz distinto, más lejano, más místico, como sí por un segundo estuviese más bien acariciando una galaxia.

–Ahora, el hecho de que el tiempo sea lineal no significa que exista solo una línea. Al contrario–dijo él, colocando dos dedos sobre la espalda de ella mientras trazaba isósceles y escalenos a punta de caricias –existen distintas versiones del tiempo. A veces convergen, chocan. En ocasiones, repetidas veces, otras, solo una vez.

Ella no entendía a donde pretendía llevarle con aquella disertación.

Él, seguro de sí, continuó:

–La primera vez que choqué contigo me hice muchas preguntas: ¿es esta persona una variable? ¿Una divergencia entre las lineas de mis posibilidades? O es acaso una constante, una arista, mi punto de convergencia.

¿Cómo es que de todos los lugares posibles, me volví a topar contigo?”

Calló y se detuvo en seco, apartando su mano. Ella espabiló y él colocó su mejilla en la espalda de ella, como sí estuviese a punto de besarle lo que iba a decir:

–Me he pasado la vida haciéndome preguntas, trazando márgenes, midiendo tiempos, calculándo accidentes y soñando a destiempo. He perdido los ánimos de preguntar, me has quitado los ánimos de preguntar. No quiero que me preguntes, no espero tengas respuestas. No sé si eres una constante o una variable. No sé sí eres una estrella o sólo un equívoco, la verdad es que no sé nada, un carajo.

Él rió y se excusó con ella, que tipo tan intenso, pensó para sí mismo. Eso de mezclar las relaciones con el tiempo o el espacio parecía una labia de publicista, un mal gesto del branding con el amor. Sin embargo, ella que ya no se notaba tan perdida podía notar que él estaba siendo sincero. No estaba tratando de venderle nada, todo lo que ella podía darle es algo que no estaba a la venta.

–El hecho es que,– continuó él– siento que te conozco de antes. Siento que, yo también he esperado antes por ti. No sé sí esta sea nuestra última convergencia. Solo quiero detenerme acá, en este punto del tiempo.–

Y se detuvo entonces –no el tiempo– sino el espacio, y con el espacio él, sobre ella, en un beso.

–¿Te han dicho que hablas demasiado? –Dijo ella arrugando la cara. No tomó mucho antes de que él se disculpara y ella lo abrazara. –Quédate por cuantas convergencias tu quieras.

Ambos rieron y la tensión se disipó.

El tiempo que parecía detenido dejó de marcar las 8:16.

8:17

El tiempo no se detiene
Por nada
Por nadie.


Ni él ni ella sabían que el tiempo no es lineal.

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