2640m Sobre el Nivel del Mar

II – Día

Me encuentro –con ambas manos enterradas a los laterales del abrigo.

No me toca ir de la mano contigo nadie

Caigo en cuenta de que los inviernos, las ventiscas y la llovizna tambien se disfrutan, compartidas o por cuenta propia.

A veces toca aferrarse a unos brazos, otras veces, a 2 kilogramos de chaqueta en multicapas.

A ver que da lo mismo, el invierno por acá nunca ha matado a nadie, especialmente porque estamos en Agosto y para todo el mundo es verano menos para mí.

Le echo un sorbo al café y me colorea el rostro. Me sonrío solo pensando en nada y en la mesa de enfrente una bogotana me la devuelve.

Y me la quedo.

Puede que lleve los labios rotos, pero aun con todo no olvido como besar

He ido de Chapinero a Usaquén, de Usaquén a Fontibón, de el norte al sur correteando el cerro oriental, hambriento de otras cosas, otros rumbos y recuerdos para anotar.

Bogotá me susurra y me inspira ánimos de amar, ganas de erguir los hombros y echarme a caminar.


IX – Noche

Se me ha hecho tarde

Los minutos se escapan, las horas trepan lento, van emigrando a otros lados, extranjeras entre recuerdos

Las memorias ya no son mías aunque las piense. Me aprietan, me sobran.
Se las alquilo a la nostalgia a cambio de sosiego.

Sé que aquellos malos recuerdos fueron míos
Sí, lo fueron en algún momento.
Pero hoy ya no vivo en ese apartamento, bajo aquel techo, en otros brazos, en otros besos: en esos cinco, diez, tres años que me añoran por no haber vivido a tiempo.

Prescindo de ellos y vivo el momento.

Me detengo, respiro el descontento. Le sigue una rabia amalgamada con desespero. Quiero ir lento, recorto el paso y me cuento un cuento. Me pasa de largo la muchedumbre, vigorosa, decidida y sin sueño. ¿A dónde van? ¿No sienten miedo? Me siento y sentado, siento
que estoy amargado pero contento,
irónicamente
con muchos sueños
y poco sueño.

Así voy, poniendole a la sonrisa empeño, aunque a veces sienta ganas de enfundar el llanto y me toque contener los lagrimones con los dedos

Me mantengo,
Inflo el pecho
Me rio de mi mismo
Y sigo derecho

Me echo a escribir, a oir música y a circundar viejos versos

Por eso es tan natural querer querernos

Se me enreda el papagayo y tengo que anudar el texto, se me escapa una sonrisa tonta
y es que ya no tengo contactos en común con estos versos
Que ridículo es esto, de estar a las 5 de la mañana, todo trasnochado
citando a un rapero.

Me veré al espejo por la mañana con ojeras de bulldog
“Sígue jugando al escritor”

Ya es de madrugada en Bogotá, y mientras le escribía al tiempo, se me ha vuelto a escapar
Intento volver a dormir, luego de un rato de soñar despierto.

Almohada sobre la cabeza y me duermo.

[…]

8am. ¿Es en serio?

Tres mal amarradas horas de sueño.

El gato aruña la puerta, maulla y me despierto, hoy salgo a conocer barrios nuevos

Iré al centro a cambiar dinero
Me iré sin reloj y sin preocuparme por el tiempo
Mezclado entre los bogotanos
Con la mirada hacia los cerros
Y después de muchos malos ratos
Y muchos malos tiempos
Iré con la cabeza en alto
Y la mirada, por primera vez

Hacia adentro.

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